A veces simplemente necesitamos cerrar los ojos y dejar que fluyan las palabras, pero eso nunca puedo hacerlo contigo a mi lado.
Te preguntarás por qué, pues es muy sencillo, eres una de esas personas que te dejan sin habla, que cuando las miras no te sale ni la voz, sólo te sale sonreír.
Una de esas personas en las que cuando clavas la mirada y te miran tienes que apartar la vista, ya no sólo porque brillan tanto que te deslumbran, sino porque temes perderte en su mirada para siempre y no volver a querer salir de ese pequeño paraíso al que todos los ingenuos llaman ojos.
Unos ojos que junto con tu sonrisa forman una combinación demasiado mortal, una combinación que podría dejar prendada hasta a la mismísima Afrodita, y eso que la diosa del amor es ella, no tú.
Y es que cualquiera que te conociera se enamoraría de alguien como tú porque eres único, eres como la estela de los aviones, pero tú en lugar de dejar tus huellas en el cielo las dejas en el corazón.
No paro de buscar alguna palabra que te pueda describir, pero parece ser que no han inventado ninguna que se asemeje a lo que yo veo en ti.
Simplemente eres magia, sólo espero que nunca decidas desaparecer.