Te mentí cada vez que te miré a los ojos para decirte que todo estaba bien así, que no te alejases de mí, que yo no te quería, que solo eras mi mejor amigo.
Te mentí en cada barrera que puse, ni aquello era una trinchera, ni atacaban con piedras, era un ejercito armado con flores.
Te mentí desde el principio, yo ya sabía que iba a enamorarme de ti nada más escuchar tu voz y ver tu sonrisa, mucho antes de preguntarte si ibas a besarme de una vez.
Te mentí, yo ya sabía que me metía en la boca del lobo, pero es que no quería otra..., ser consecuente nunca fue mi primera opción.
Te mentí, no dejé de escribirte ni un solo día, arranqué las páginas.
Te mentí.
Te mentí una y otra vez, no quería que ese beso fuera el último, ni esa noche, quería que el tiempo se parase y que estuviésemos así siempre.
Te mentí en la cascada, en realidad no tenía frío, sólo quería que tú me abrazases.
Te mentí en el banco, la verdad es que si que llevaba pensando en ese beso todo el camino, ¿cómo no querer un beso habiendo conocido tus labios y habiendo volado con ellos?
Te mentí cada vez que me fui, no estaba enfadada por tus bromas, era simplemente que no quería despedirme.
Te mentí cada vez que te dije que el espacio era lo mejor, que menos mal que no eras de aquí..., yo ya tenía calculada la distancia que quería recorrer todos los días con el coche sólo para estar a tu lado.
Te mentí, tenía miedo de que no fuese mutuo y de sentir lo que sentía, y cada vez que te mentía me mentía a mi misma, pero claro, eso tú ya lo sabías...
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